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miércoles, marzo 18, 2020

Un cuento de zombies de hace años: Esto con Franco no pasaba


El amigo Vicente García escribió un libro sobre una de sus pasiones: los zombis. Se llamaba Apocalipsis Island. Lo lei en su momento y me divertí bastante, sobre todo el inesperado momento en que aparecemos mi familia y yo. La cosa iba de que los zombis existían desde los años 80 y un brote inesperado el día de Reyes en Mallorca provoca el caos.
Vicente hizo varias secuelas y planeaba hacer una con cuentos escritos por varios amigos. De los que teníamos que hacerlo sólo Pere Pérez y yo cumplimos. Como el resto pasó y Vicente no sabía qué hacer con los dos cuentos los acabó publicando en una de las secuelas de complemento varios años después de que lo escribiese. En ese tiempo Hernán Migoya había publicado Una, grande y zombi, con lo que el chiste de mi título perdió gracia y fuerza...
Como la primera novela era muy coral, Vicente quería que se explorasen algunos de los personajes secundarios del libro. Vicente me propuso que contase "mis" aventuras en un pueblo de la sierra mallorquina pero me pareció muy de redacción de primaria y preferí coger a otros tres personajes: un militar yanqui que se había quedado colgado en una azotea, un futbolista del Mallorca que estaba a salvo en un cuarto y luego los protagonistas se lo encuentran corriendo lejos de allí sin ninguna clase de explicación y una vieja insoportable, odiosa y más facha que el braguero de Franco.
Mi pasión por la continuidad me permitió atar cabos sueltos.
Hala, que ustedes se diviertan estos días de encierro...

ESTO CON FRANCO NO PASABA


La señora Cruz tenía dos problemas.
El primero, y más importante, era el grupo de zombis que desde hacía unos días, con sus noches, aporreaba sin descanso la puerta blindada de su piso, un ático. Los miraba de vez en cuando a través de la mirilla, deformados por el ojo de pez, con sus ojos vacíos e inexpresivos. Bueno, los de su vecina Paca a veces parecían transmitir cierto odio. ¿Se acordaría de que no la dejó entrar en su casa y por eso la pillaron? Bueno, da igual, ella seguro que hubiera hecho lo mismo.
El segundo era que se le estaban terminando el agua y las provisiones. Cuando había empezado el  ataque masivo de zombis, la comunidad de vecinos había decidido compartir las provisiones y guardarlas en el sótano. Ella lo había aceptado aunque se había guardado algunas. Por si acaso. La solidaridad bien entendida y todo eso.



Tom llevaba varios días subido en los restos de la azotea de un edificio vecino al de la señora Cruz. Su helicóptero se había estrellado allí cuando su compañero se había empezado a transformar en uno de los numerosos muertos vivientes que pululaban ahora por las calles de Palma. Sus fuerzas le estaban empezando a fallar. Creía al principio que el rescate no tardaría mucho en llegar, sin embargo empezaba a sospechar que el ejército estaba desbordado y que dependía sólo de él.



Mateo, el futbolista cubano, se había escondido en el sótano al que se accedía desde cerca del patio de la comunidad y donde se almacenaban las provisiones de la misma. Tenía comida y bebida para semanas. Los zombis se habrían podrido, si se llegaran a pudrir del todo, antes de que necesitara salir.
Excepto por un problemilla del que empezaba a ser consciente poco después de encerrarse.
Su claustrofobia.


Aburrida, la señora Cruz reflexionaba sobre quién tenía la culpa de su situación.
La culpa de todo era de Felipe González.
Fue llegar los socialistas al poder y empezaron a aparecer zombis por todas partes. No hacía falta ser muy lista para ver la relación, opinaba la señora Cruz.
En el rellano seguía habiendo un buen montón de cadáveres andantes. Demasiados para salir con armamento. Y ella no lo tenía. Pero algo tendría que hacer.
Y pronto.


Las raciones de alimento concentrado que habían mantenido alejado el hambre de Tom durante esos días se habían terminado. Eran asquerosas aunque con las opciones que tenía... Si salía de ésa lo primero que haría sería meterse un solomillo de ternera de un kilo entre pecho y espalda.
En su pequeña mochila de supervivencia que había podido rescatar del helicóptero antes de que éste hundiera buena parte del edificio con su peso ya sólo le quedaban un revolver, una granada y un par de cohetes de emergencia.
Se había acabado el ir retrasando lo inevitable. Intentaría descender escalando hasta la calle.
No era una gran distancia, cuatro pisos.
Una mierda no lo es.
Aunque debía hacerlo de forma silenciosa, sin llamar la atención de los relativamente escasos zombis que deambulaban por la calle 31 de Diciembre.




Mateo estaba seguro: el techo estaba descendiendo, la habitación era ahora más  pequeña.




La señora Cruz era una mujer de edad avanzada, según ella. Para los demás era una vieja insoportable, pero no viene al caso.
Su fuerza era escasa. Su agilidad, ridícula. Su velocidad, nula.
En un enfrentamiento con zombis le convenía buscar elementos que le dieran ventaja.
Se puso a rebuscar en armarios y cajones cualquier cosa que le pudiera ser útil. Total, no tenía nada mejor que hacer.
Al cabo de un rato, en la cocina, empezó a concebir un plan.



Tom estaba colgado de un saliente de la azotea y se balanceaba para intentar agarrarse a una tubería especialmente gruesa y apetecible. Haga usted, amigo lector, si le apetece, el chiste gay que crea oportuno.
Si lo conseguía, podría pasar el cinturón por detrás y bajar sería relativamente fácil. Si no, estaba muerto.



Mateo estaba seguro: al ir bajando el techo, cada vez había menos aire en la habitación.


La señora Cruz hablaba sola a veces. Así estaba segura de le escuchaba una persona interesada en lo que decía.
-Julia, Julia, ¡te ha quedado una obra de artesanía!
El motivo de su orgullo era lo que ella llamaba su armadura. La infección de los zombis se transmitía por su mordedura por lo que era crucial evitar cualquier posible mordisco. Así que se había puesto la ropa más gruesa que tenía, varias capas entre unos pantalones de pana que se ponía en excursiones, una falda de invierno y un viejo delantal , unas botas para la lluvia, guantes para el horno en las manos,  y una cazadora de cuero y el casco que usaba su hijo, pasto de los cadáveres andantes, para ir en moto. El casco tenía un visor de plástico grueso y lo había pegado con una cola ultrafuerte para evitar que los zombis pudieran levantarlo y le arrancasen la nariz de un bocado.
Ese uniforme le garantizaba cierta protección puntual ante un ataque. La señora Cruz era consciente de que necesitaba algún arma y había optado por su viejo rodillo de amasar. Con un buen golpe le abriría el cráneo a cualquier zombi. Sobre todo ahora que le había clavado un cuchillo de cocina de forma perpendicular y que lo atravesaba.
Como lo más posible es que se le atascara en el cráneo de algún zombi, necesitaría alguna otra cosa.


Tom saltó al vacío.
La sensación del transcurrir del tiempo es muy relativa. Cuando se te va la vida en ello, la cosa se hace eterna.
Para Tom, ese salto duró toda una vida.
Dicen que cuando uno está muriendo ve pasar toda su vida ante los ojos.
Tom aún estaba acordándose de los bocadillos que le hacía su madre cuando iba al colegio cuando se agarró a la tubería. El peso del piloto de helicópteros hizo que se le resbalaran algo las manos pero pronto puso los pies para poder frenar la caída.
Tom respiró profunda y lentamente.


Mateo estaba seguro: no podía seguir allí o iba a enloquecer. Su corazón latía acelerado.  Sudaba como un cerdo. Le faltaba el aire.
Era cosa de locos. Estaba en un lugar donde muchos pagarían por estar y tenía que  abandonarlo.
No cogió nada. No quería una bolsa que pudiera ser agarrada o que se enganchara en un momento decisivo. Ya se preocuparía más tarde de qué comer. Iría hacía casa de un amigo, compañero del equipo, a ver si lo podía ayudar unos días.
Era futbolista profesional y estaba acostumbrado a correr. No oía ruido fuera, parecía  que los muertos vivientes se habían desplazado a otra parte, ya fueran los pisos superiores o la calle.
Abrió la puerta lo más sigilosamente que pudo con el corazón en la boca.
Intentaba respirar lo más silenciosamente que podía aunque mucho se temía que estaba fracasando.
Echó un vistazo rápido.
Nadie a la vista.
Hora de salir corriendo.



La señora Cruz se estaba contemplando en el  espejo del armario ropero de su habitación. Había añadido a su armadura un gran cinturón del que colgaban los  cuchillos más grandes que había encontrado en la cocina y una pequeña linterna. Aparte había afilado los palos de la escoba y de la fregona, ese gran invento español, para tener algo que le sirviera para poder atacar a una cierta distancia.
En ese momento oyó un gran estruendo y un escalofriante aullido que venían de la calle.



Tom tenía las dos piernas rotas. La tubería se había roto súbitamente y se había desplomado en una fracción de segundo al asfalto.
Estaba aullando de dolor. Intentaba controlarse para evitar la atención de los muertos vivientes que se empezaban a acercar lentamente pero no podía. Tenía parte del fémur derecho que le salía del muslo. Estaba perdiendo mucha sangre. Y la pierna izquierda estaba hecha migas.



Mateo se quedó helado.

¿Qué demonios estaba pasando? ¿Qué había sido eso?
¿Tenía que parar a pensarse si seguir adelante? ¿Era ése un momento ideal para escapar o todo lo contrario?

Daba igual. No iba a pasar ni un minuto más dentro de ese agujero.
Se puso a correr. Atravesó la entrada de la finca, con esos buzones a los que no llegarían cartas en mucho tiempo, y salió a la calle.
Allí vio a un soldado herido gritando como un poseso. El escándalo que estaba montando estaba haciendo que se fueran acercando muertos vivientes de distintos puntos de la calle, algunos salían de calles secundarias cercanas.
Y otros venían de los pisos superiores. Los oyó cuando estaban a punto de acabar de bajar la escalera y cogerle por la espalda.
Apretó el acelerador. No podía evitar sentirlo por el soldado pero era imposible hacer nada por él. Intentar llevarlo encima era suicida y el número de zombis era cada vez mayor.
Mateo corrió, corrió, corrió. Iba por el centro de la calle para poder controlar cualquier posible peligro. Iba esquivando los zombis con relativa facilidad.
Si podía driblar a jóvenes deportistas, no debería tener muchos problemas para hacerlo con lentos cadáveres hambrientos. El problema era si te cercaban o grupos numerosos poco dispersos.
Los aullidos del soldado se fueron quedando atrás.
Cuando se dio cuenta había llegado hasta el puente de la Riera. Allí se paró un momento a recuperar el aliento y a pensar que iba a hacer.
Oyó un coche en la lejanía.



La señora Cruz estaba eufórica. Los zombis del rellano se habían ido atraídos por el soldado que había salido de no se sabe dónde. Esperaba que llegase en algún momento la ayuda del ejército aunque no de una forma tan abrupta y estrambótica.
Con su armadura lista se preparó a salir de su piso.
Abrió la puerta lo más silenciosamente que pudo.
Nada.
Empezó a bajar lentamente los escalones.
Su intención era llegar al cuarto de los víveres. Si había alguien dentro confiaba en que le abriría. Ella haría lo mismo si la situación fuera la inversa. Y si no, se acomodaría allí a pasar lo mejor posible las semanas, o meses venideros.
Esperaba que si había alguien no fuera el negro y joven Mateo. Compartir un espacio tan pequeño durante un largo periodo de tiempo con alguien de una raza tan lasciva seguro que no podía traer nada bueno. No quería acabar siendo el juguete sexual de un depravado. Ya le bastó con su difunto marido.
-Céntrate, Julia, que te pierdes.
Oyó un ruido algo más abajo.
Pasos.

Alguien estaba subiendo.




Tom estaba viendo pasar su vida a toda pastilla ante sus ojos.

Vaya, era verdad.
Lenta pero inexorablemente, los seres que se habían convertido en la cabeza de la cadena alimentaria lo estaban rodeando. Algunos ya abrían la boca, otros extendían los brazos, o sus muñones.

Era el final.



Eran tres zombis. Varones, desconocidos. Con los gritos que estaba pegando el soldado que estaban llamando la atención de los zombis de los alrededores a la señora Cruz le habían tenido que tocar unos sordos.
Peor, eran jóvenes. La señora Cruz estaba convencida de que las nuevas generaciones tenían pánico a las responsabilidades, al trabajo, al compromiso.
No le extrañaba que un zombi joven no hiciera lo que le corresponde.
Se preparó a luchar en el rellano del segundo piso.
Los recién llegados se dirigieron hacia ella estorbándose ligeramente entre ellos. La señora Cruz le clavó sin remilgos el palo de la fregona en el ojo al más cercano hasta que le atravesó el cráneo. Una sangre espesa y oscura, casi negra, le salpicó el delantal.
Soltó el palo cuando el zombi cayó al suelo desplomado. Los otros dos lo pisotearon sin problemas.
El palo de la escoba fue para el siguiente. Esta vez no hubo tanta suerte. Se desvió y quedó atascado en el hueco orbital. Ante la situación la señora Cruz cambió de estrategia y empujó lateralmente. El zombi se fue por el hueco de la escalera con el palo de la escoba clavado en un ojo.
Aún quedaba uno.



Tom sacó los cohetes destinados a pedir auxilio y los lanzó a un par de zombis que tenía demasiado cerca para su gusto. Uno de ellos empezó a arder y se quedó quieto mientras era pasto de las llamas.El otro estaba en un elevado grado de putrefacción y el cohete lo atravesó yendo a parar al escaparate de un bar.
Cogió el revólver y fue disparando hasta que acabó toda la munición.
Ya sólo le quedaba la granada.
Había acabado de ver pasar su vida ante los ojos.
Esperó que estuvieran más cerca.
Quitó la espoleta.



El último zombi estaba ya encima.
La señora Cruz le golpeó con su rodillo tuneado en la cabeza con todas sus fuerzas. El cuchillo le quedó clavado en el cráneo.El zombi pareció no inmutarse.
Cogió a la señora Cruz por el brazo y le pegó un buen mordisco, con ganas, con ansia.
La señora Cruz gritaba de dolor y de pánico y le golpeaba con sus escasas fuerzas con el otro brazo. Era inútil.
Durante un momento, como si le extrañase la situación, el zombie dejó de morder. No había podido atravesar la gruesa cazadora de cuero. Tras unos momentos, volvió a intentarlo.
Pero la señora Cruz había aprovechado esos escasos segundos para serenarse y agarrar con el brazo suelto el cuchillo más grande que llevaba.
Con un rápido movimiento le seccionó medio cuello. La oscura sangre de los zombis salió despedida en todas direcciones. La cabeza le quedó colgando de la espalda.
El maldito muerto viviente seguía activo intentando morder pero al encontrarse viéndolo todo al revés estaba claramente desorientado.
Un segundo corte preciso acabó con la actividad del condenado. La cabeza rodó por el rellano lentamente mientras el cuerpo caía desplomado.
La señora Cruz se examinó el brazo. Estaba todo bien.
Nada como un buen cuero español.
Todo el edificio tembló. El ruido fue ensordecedor. Algo había explotado muy cerca.
Ahora sí que iban a acercarse zombis. Tenía que llegar ya al sótano, al cuarto de las provisiones.
Bajó lo más rápido que pudo los dos pisos que le faltaban. Cerca de los buzones estaba el zombi con el palo de la escoba clavado en el ojo. Tenía los huesos de la columna rotos. Y sin embargo, seguía vivo. Y hambriento.
Apenas podía moverse pero intentó reptar hacia donde estaba la señora Cruz pero la anciana pudo esquivarlo sin problemas y llegar hasta el deseado escondite de la comida. La puerta estaba abierta.
Entró rápidamente y la cerró. Rodó la llave y todos los pestillos que había.
Por fin estaba a salvo. Tenía todo lo necesario: agua, comida, un refugio.
Empezó a relajarse.
Encendió la linterna para poder orientarse..
La sangre se le heló.
No estaba sola.
Allí estaba la que había sido su vecina Paca. La tenía encima. Ella también tenía allí un refugio.
Y comida.

miércoles, agosto 22, 2018

EXIT: Un guion...


Hace un tiempo se me ocurrió una historia. Más bien, una sucesión de historias ambientadas en el mismo "mundo", por decirlo así. Los relatos se irían enlazando uno con el siguiente por elementos gráficos y/o de texto y cada uno, idealmente, tendría un dibujante diferente. Los otros tendrían de protagonistas al Presidente de los EEUU, a un taxista solitario y a un camarero igual de solitario, a un chico de una tribu pasando un rito de juventud y contado como un cuento infantil... hasta acabar con la historia del padre de la mujer del primer relato, un escultor. 
La primera historia la veía dibujada por Manel Fontdevila, en su estilo más "sucio". Como por pedir que no quede, se lo comenté. No pudo hacerlo o no le interesó o lo que sea pero me escribió un texto muy curioso  que agradecí un montón analizando la historia y sus impresiones, que él veía como muy de las revistas de los 80 y muy Carlos Trillo. No era algo que hubiera tenido presente pero entendí por qué lo decía, claro.
Como han pasado los años y no ha habido forma de tirar adelante esto, aunque tampoco me he molestado mucho por otros temas que no vienen al caso, pues lo cuelgo aquí por si a alguien le hace gracia leerlo...

PAGINA 1
V1 Un letrero con una mano señalando con el dedo hacia la derecha. Debajo aparece el rótulo-título: EXIT
V2 Ampliamos el plano y vemos que pasa de perfil y por delante del rótulo el protagonista masculino, un hombre de treinta y muchos años. Anda por lo que podemos ver que es el pasillo de un hospital. Lleva una bolsa de plástico en la mano. Vemos cierto movimiento, camillas, médicos, enfermeras, gente nerviosa.
V3 El protagonista sale a la calle, de noche, por una puerta de emergencia. Cerca hay una enfermera fumando que lo mira.
ENFERMERA: ¿Ya te vas?
V4 El protagonista, en primer término, habla con ella girando la cabeza, que queda más atrás:
EL: Sí, no puedo más.
EL: ¿No habías dejado de fumar?
V5 Ella sonríe con tristeza, encogiéndose de hombros.
PÁGINA 2
V1 Cocina de un piso. Todo muy normal. Al fondo hay una mesa para cuatro con sus sillas. En un rincón hay un exprimidor para hacer zumos. La protagonista, ELLA, está preparando una pizza. EL está entrando con la bolsa.
EL: Hola.
ELLA: Has tardado.
V2: Los dos hablan en la cocina frente a frente. Él serio, ella entristecida y algo cabizbaja. La bolsa que llevaba queda en un rincón junto al exprimidor.
EL: Sí, es un caos. En el hospital no había casi nadie trabajando. Han intentado que me quedara pero en cuanto he encontrado las cosas me he largado.
ELLA: Qué desastre.
V3: El mismo plano de antes. El silencio pesa entre ellos.
V4 Ella sigue con la pizza. Él la mira.
ELLA: He llamado antes a mi padre. Quería hablar con él antes de… Ya sabes.
EL: Ya. ¿Cómo estaba?
V5 Las manos de ella poniendo queso, jamón o similar sobre la capa de la pizza.
ELLA (off): No ha cogido el teléfono. Le he dejado un mensaje.
V6 Él está poniendo la mesa para cuatro.
EL: ¿Y qué le has dicho?
V7 Primer plano de ella. Destrozada. Deprimida.
ELLA: ¿Qué le iba a decir? Que le quería y que ojalá hubiera podido verle…
PÁGINA 3
V1 Entran los dos hijos de la pareja, una niña de unos ocho años y un niño de unos seis. Están muy contentos y van corriendo hacia su padre.
NIÑA: ¡Papá!
V2 El padre, con una extraña sonrisa, coge a la niña en brazos y la levanta.
EL: ¡Hola, preciosos! ¿Cómo estáis?
NIÑA: Bien. ¿Qué pasa?
EL: Nada, nada.
V3 El niño mirando al lector visto desde el punto de vista del padre.
NIÑO: ¿Iremos mañana al colegio?
EL (off): No, de momento no. Hoy será como un viernes por la noche.
NIÑO: ¡Bien! ¿Comeremos pizza?
V4 Plano general de la familia. Los niños miran a la madre preparando la pizza. El padre, apartado, vuelve a su seriedad cuando dejan de mirarlo.
ELLA: ¡Claro! ¿No ves que la estoy haciendo?
NIÑA: ¿No la pediremos al Giovanni?
V5 La madre escondiendo su rostro.
ELLA: No, hoy no. Está cerrado.
V6 EL mismo plano que antes pero ahora ella ha girado la cabeza para mirar hacia los niños. Intenta sonreír.
NIÑO (off): ¿Y miraremos una peli?
ELLA: Naturalmente. ¿Cuál queréis ver?
V7 Plano bajo, a la altura de los niños. Sólo vemos las piernas de los padres. Los niños discuten con pasión.
NIÑA: ¡”La sirenita”!
NIÑO: ¡No, no! ¡”Nemo”!
ELLA(off): Cualquiera menos “Frozen”. Poneos de acuerdo y luego de cenar la ponemos.
PÁGINA 4
V1 Plano del padre.
EL: Id a jugar un poco mientras acabamos la comida, ¿vale?
V2 Plano general de los dos adultos. Los niños ya no están en la cocina.
ELLA: ¿Estás seguro de que es lo mejor?
EL: Sí. No hay muchas opciones más, ya lo sabes.
V3 Ella habla cabizbaja. Llora.
ELLA: No sé si voy a poder seguir.
V4 Él intenta aguantar el tipo pero no puede evitar una lágrima.
EL: Hemos de hacerlo.
V5 Los dos, compungidos y abrazados.
ELLA: Qué duro va a ser esto.
V6 Plano cercano de los rostros de los padres, de perfil.
EL: Procura no pensar en ello. Hemos de ser lo más naturales que podamos. Por ellos.
PÁGINA 5
V1 La familia está sentada en la mesa de la cocina, los niños están devorando pizza pero los adultos tienen sus platos casi llenos. Los padres se sientan juntos. Los niños beben refrescos, los padres vino. Hay restos de aperitivos (nachos, patatas fritas de bolsa, aceitunas, cosas así). Los padres ríen al ver cómo tragan sus hijos.
ELLA: ¿Qué tal?
NIÑO: Muy buena pero me gustan más las de Giovanni.
EL: ¡Grosero!
V2 Los padres hablan bromeando.
ELLA: Bueno, la próxima vez la pediremos allí.
EL: Para no gustarte mucho no has dejado nada.
V3 Plano de los niños con cara de felicidad.
ELLA(off): ¿Queréis un helado de postre?
NIÑO Y NIÑA: ¡Síii!
V4 La madre, agachada y sonriente, habla con sus hijos atacados de los nervios.
ELLA: ¿De fresa o de chocolate?
NIÑA: ¿Puedo probar de los dos?
ELLA: ¡Claro!
NIÑO: ¡Yo también!
V5 La madre sale de la cocina con los niños dejando al padre allí.
ELLA: Venga, os pongo la película que papá y yo hemos de arreglar la cocina.
EL: Yo pasaría de arreglarla, la verdad.
V6 La madre lo mira con seriedad y lo recrimina.
ELLA: Pues no lo hagas. Yo no quiero estar rodeada de basura. Y así me distraigo.

PÁGINA 6
V1 Los dos adultos arreglando la cocina. Ella lava los platos. Él exprime naranjas haciendo zumo. La bolsa que traía del hospital ya no está.
EL: No has comido nada.
ELLA: Ya, no tengo hambre. Ya he visto que tú tampoco.
V2 Al fondo vemos una jarra con zumo de naranja y a su lado unas cajas tipo medicamentos pero que no podemos identificar ni leer. En primer plano los padres sombríos miran el suelo.
V3 El padre lleva la jarra hacia los niños. Están tumbados en pijama en el sofá mirando la tele. No lo miran cuando llega, no dejan de mirar la película.
EL: Niños, os he hecho un zumo de naranja.
NIÑA:¡Gracias, papá!
V4 Los niños beben un buen vaso sin dejar de mirar la tele. El los mira con tristeza al fondo.
EL: ¿Está bueno?
NIÑO: Sí.
V5 Él se sienta en medio de ellos. Intenta bromear.
EL: Esto en Giovanni no lo hacen, ¿eh?
V6 Llega la madre con la mirada perdida y mira la escena.
ELLA: Os queremos. Mucho.
PÁGINA 7
V1 El padre lleva al niño en brazos.
V2 El padre acuesta al niño.
V3 El padre besando en la frente al niño
V4 El padre besando en la frente a la niña
V5 El dormitorio de ellos. Él llega con una botella de cava. Ella está llorando con la cara escondida en sus manos sentada en el borde de la cama.
EL: Ya está. Los he llevado a sus camas.
ELLA: Dios mío. Mis niños…
V6 Plano del padre, con la mirada perdida.
EL: Les hemos ahorrado frío, miedo, dolor. Sabes tan bien como yo que nos quedan horas, días antes de que todo el mundo muera. Nadie sabe por qué se ha apagado el sol, no hay ninguna posibilidad de supervivencia, vamos a morir todos. Si mis hijos han de morir quiero que sus últimos momentos sean felices y que no sufran.
PÁGINA 8
V1 Los dos sentado en la cama, cogiéndose de la mano sin atrever a mirarse.
ELLA: Ya lo sé, puede parecer lógico pero es tan injusto…
EL: Lo es.
V2 Él mira la botella pensativo.
EL: He pensado que podríamos tomarnos los barbitúricos con esto. Lo guardaba para alguna celebración pero creo que no habrá muchas más ocasiones.
V3 Copas de cava casi vacías. La botella está prácticamente vacía. Al lado vemos envases abiertos de  “Barbitol” (no existe y hace años que retiraron el Barbital y los barbitúricos). Los blisters están vacíos.
V4 Están tumbados de lado en la cama. En primer plano la vemos a ella, mirando al lector. Detrás está él. Tienen la mirada cansada.
ELLA: Te quiero. Ojalá hubiéramos tenido tiempo para podértelo decir más veces.
EL: Yo también te quiero.
V5 Plano cenital de la cama. Es la viñeta más grande de la página. Vemos que él se abraza a ella por su espalda.
ELLA: Abrázame. Tengo frío.
V6 Plano de la ciudad. Está nevando. Se ven algunas luces en los edificios. Muchas estrellas. Pero no se ve la luna porque no puede reflejar la luz de sol. Sólo se puede ver una masa negra en su lugar.

martes, mayo 29, 2018

Originales: Portada de Ken Barr para Doc Savage

Hacía tiempo que no compraba originales y mucho más que no los comentaba por aquí.
Pero esto me apetece contarlo.
De chaval, tras un periodo en que me distancié del cómic de superhéroes, me reenganché gracias a la colección de Vértice El Hombre de Bronce. La portada del número 4, correspondiente a la del 4 del magazine americano, me fascinó. Cuando fui a comprarlo, ya no estaba pero encontré la del 5. Me encantó esa historia de Doc en el lago Ness. Por suerte, y gracias a los caos de distribución de la época, hallé una copia del 4 en un estanco a los pocos días. Me he leído esos dos números docenas de veces y son la razón de mi cariño por Doc Savage y su equipo. Cuando monté junto a Paco Díaz una exposición sobre la Marvel de los años 70 en Palma en el Casal Solleric, se pusieron reproducciones a color de portadas míticas en cartón pluma y a buen tamaño.Metí la portada del número 4 para quedarme luego con esa copia.
Con los años, conseguí las splash de los números 1 del comic book de Ross Andru y del magazine de John Buscema. Con éste sufrí un horror porque un empleado de Western Union se embolsó la pasta, por lo que tuve que poner una denuncia, llamar a Estados Unidos y aclarar un follón importante, pero acabó bien.
De todos modos, uno de mis griales, de mis piezas más buscadas y deseadas, era la portada del número 4 del magazine. Y de puñetera casualidad, haciendo una búsqueda en Google me encontré con una galería de arte que lo representaba. Barr en sus últimos años se dedicó a la pintura. Les escribí por probar...
Y tenían casi todas las portadas. Sólo faltaban la del 5, lástima, y otra que se había quedado la exmujer de Barr. Una suerte loca.
Compré la del 4 y la tengo colgada en el pasillo de casa. No sabéis la alegría que me da verla cada día.
Pasan los años...
Me llega un catálogo de una casa de subastas.
Muchas cosas guapas.
Y entre las piezas más de relleno me encuentro con la portada del número 5, mi otra portada deseada.
Entro en modo berserker. No sé por qué la tenían tan poco destacada porque ha tenido muchos pretendientes.
Hoy me ha llegado, tras mucho lío porque ahora la casa de subastas no acepta tarjetas de crédito. No os podéis imaginar lo bonita que es al natural.
Creo que la voy a enmarcar y poner al lado de la del número 4.


lunes, abril 03, 2017

Rápido resumen del Salón del Cómic de Barcelona 2017

Si seguís mi otro blog veréis que lo tengo bastante parado. El motivo es una súbita apatía que me vino hace unos meses respecto a todo lo que fuera cómic. No me preguntéis por qué porque no lo sé. Creo que las redes sociales han tenido mucho que ver. Demasiadas tonterías, demasiados trolls y demasiados palmeros. Prefería ver cine y comentarlo en Letterboxd dodne, al menos por ahora, uno puede disentir en opiniones sin que se monte la de San Quintín.
Así que no tenía muchas ganas de ir al Salón de Barcelona. Pero sí que había un aliciente, el clásico: ver a los amigos. Algunos de ellos de los de verdad, de los grandes.
También había otro: conocer a Elías García, quien a principios de los años 80 realizaba, junto a otro periodista, un programa de radio llamado Rock, Comics y otros rollos en Radio 3 y que era cita obligatoria si querías estar al tanto de las últimas noticias. Cuando Spider-Man adoptó el traje negro por las Secret Wars fue allí donde nos enteramos porque tenían corresponsales en varias ciudades, como Nueva York. Cuando el Cairo 19 no salía fue allí que supimos que la huelga de la imprenta había dejado el número “secuestrado” por una llamada de Joan Navarro, el director de la revista. Contacté con Elías vía Facebook por grupos comunes y luego de escribirnos y de hablar por teléfono un día largo y tendido al fin nos hemos podido saludar cara a cara, irnos a comer juntos y poder decirle lo importante que fue para mi educación sentimental ese programa…
La distribución del Saló este año era diferente. Me gustó tener editoriales, librerías y demás juntas. No me gustó que los fanzines o el “Artist’s Alley”, o como lo quieran llamar estuvieran aparte, Me gustó que las expos estuvieran juntas mayoritariamente. No me gustaron la mayoría de escenografías que hacían que el parking pareciera aún más desangelado.
No fui a ninguna charla.
Tampoco a las Jornadas Comiqueras.
De las expos me quedo con la de Caniff, sin lugar a dudas. Había piezas maravillosas, de esas que te dejan embobado mirándolas. La de TBO y Blanco eran estupendas. La de Eisner estaba bien pero había muchas piezas que ya estuvieron en la de Spirit de hace pocos años. La de los estudiantes de la JOSO tenía piezas de autores muy prometedores. Quizás debería decir autoras, porque cada vez que miraba el nombre de quién había hecho la obra, y sólo lo miraba si me gustaba, era una mujer casi siempre. Si miré diez nombres, ocho serían de mujeres.
¿Qué hice el resto del tiempo? Comprar tebeos antiguos y modernos, pedir dibujos y hablar con gente.
De tebeos antiguos me pilé los álbumes de Tintin con lomo de tela que me faltaban (no primeras ediciones pero sí en un buen estado para tener 50 años), tebeos de Tarzan de Novaro con las historias de Joe Kubert (y que pillé sobre todo por recuperar un cómic que tenía de chaval y por las portadas pintadas copiando las originales de Kubert en plan López Espí en Vértice), Olés de Mortadelo de B (ya sólo me falta uno), Hombres Enmascarados de Vértice, Zagor de Burulan, algún álbum de Trinca, Glénat, Norma o Lumen que buscaba, algunos cómics americanos antiguos y nuevos… Aunque la alegría fue completar mi colección de Bill y Bolita que en Palma se distribuyó de pena en su momento.
Pedí bastantes dibujos este año.  Había una serie de autores que me interesaban y por los que estaba dispuesto a pasarme un rato de pie, aunque la gran mayoría eran autores más minoritarios y las colas eran asumibles sin problemas. Gracias a todos ellos y a los editores que supieron montarlo de forma más o menos organizada. O sea, a todos menos a Norma, que vaya follón y vaya caos con tanta gente, con colas para la derecha, colas para la izquierda y colas para coger número… Recordaré algunas de las conversaciones que tuve con los autores mientras iban dibujando como Maltaite, Joan Mundet, José Revilla, Pablo Velarde o Rayco Pulido. Mis hijos mayores me pidieron que les trajera un cómic a mi elección. Pero no iba a llevarles algo que puedo comprar en Palma. Así que pensé en regalarles un cómic dedicado por el autor. Al mayor le llevé el Zombie Life 1 de Igor porque tiene un sentido del humor muy similar al mío, al segundo el primer integral de Solos porque está en la edad ideal y es un cómic adictivo como pocos. La pequeña quería merchandising de Totoro y eso es lo que tuvo. Pero me huelo que voy a tener que hacer más colas por ellos el año que viene visto el éxito.
Y hablar con gente… Con algunos un saludo breve, con otros una conversación más larga, con otros cafés o incluso horas con manteles de por medio. A otros sólo los vi en medio de firmas y no hubo forma…
Pero ahora mismo recuerdo especialmente hablar con José Muñoz de la expo de Caniff, de Sickles y de su precisión, y del sufrimiento del artista y la relación con la calidad de la obra. O con Manel Fontdevila y de sus posibles proyectos. O con Joan Navarro, una de las personas que debería escribir sus memorias ya mismo. O con Albert Mestres, un tipo estupendo con quien no había hablado nunca o casi nunca (nota a los demás stands: en Trilita tenían una neverita para tener bebidas frescas sin tener que arruinarte en el bar, lo que me pareció una gran idea). O con los amigos de Z o de Dolmen, en comidas “oficiales” pantagruélicas. O con autores y amigos para hablar de los invitados o expos del próximo Comic Nostrum. Aunque si hay alguien que me alegré de volver a ver fue a Horacio Altuna que hacía unos cinco años que no iba por el salón y que me estuvo contando en qué anda ahora, un western de 200 y pico páginas y los quebraderos de cabeza que le está dando…
Lo de los premios… Bueno, yo hace años que no voto. Demasiados nominados en mejor obra nacional y mejor obra extranjera. Seguro que las editoriales están encantadas de tener más posibilidades de tener nominados pero el hecho es que dudo mucho que alguien se haya leído todas las obras nominadas. Antes yo lo hacía, pero ahora es un dineral y una inversión de tiempo a los que no estoy dispuesto.
Ya era hora que ganara un cómic de superhéroes el de mejor obra extranjera. Me alegro un montón por Hernández Walta.
Me agrada el premio a Jaime Martín. Me gustó su alegato republicano.
Me pareció perfecto que ganara Martín Sauri el Gran Premio. Raule se ha convertido en el gran creador de tendencias por proponerlo en redes sociales como hizo hace dos años con Sánchez Abulí.
Lo del autor revelación a Javi Rey por su primera obra publicada en España cuando tiene tres álbumes más en el mercado francés es un poco extraño.
Pero lo que más comentarios provocó fue la intervención de Conxita Herrero para denunciar la falta de mujeres nominadas. Podéis verlo aquí ya que Herrero tiene un canal de Youtube.
¿Mi opinión? El mensaje era el correcto. Las formas y el modo no. Fue demasiado largo, demasiado personalista (lo de ”A toda mi familia le gustó muchísimo” es de vergüenza ajena), demasiado egocéntrico (¿por qué Ficomic tiene que saber lo que pone un post suyo en Facebook?) y acusaba de cosas a Ficomic de las que no tiene ninguna culpa. Es la gente que vota, o los que no votamos, los que tenemos la culpa de que salga lo que salga. Somos nosotros los que hemos de reflexionar, no el que monta las dos tandas de votaciones y cuenta los votos. Si crees que el sistema es mejorable o injusto, propón algo mejor. Yo no creo que la culpa sea del sistema, es de lo votantes, insisto. Ah, y la lista de autoras, que entiendo que ella citó como posibles candidatas a “Autora revelación”, la gran mayoría no serían elegibles, si no han cambiado las bases en estos últimos años, ya que no tienen monográficos. Más lógico hubiera sido protestar por la falta de nombres mucho más conocidos de autoras.
¿Qué creo que se debería haber hecho? No ir a reventar un acto con las autoridades delante a título personal. Quien debería hacer algo es la Asociación de Autoras de Cómic. Hacer un comunicado, divulgarlo con tiempo en las redes sociales, escribir a Ficomic, pensar si es posible hacer algo para que la presencia de mujeres no sea nula o casi nula en los premios, hacer campaña por obras de autoras. O incluso, por qué no, reventar un acto con las autoridades delante, pero como una organización, no de forma individual.
En fin, que escuché muchos comentarios sobre la intervención en todos los sentidos y de todos los géneros. O sea, ni a todas las mujeres les gustó ni a todos los hombres les pareció mal. Entiéndase como metáfora y como hecho real. Seguro que tenéis vuestra opinión al respecto, pero si vais a hablar de ello, igual éste no es el lugar adecuado. O yo no voy a ser demasiado tolerante si os ponéis faltones, fundamentalistas o ridículos.
Bueno, al final he vuelto con exceso de equipaje por los muchos cómics comprados, cosa que no me pasaba en años.
Y ya no me siento tan apático. Ayer hasta empecé a releer “Makoki”…

lunes, octubre 24, 2016

Comic Nostrum 2016

Esto viene a ser un resumen muy gráfico, incompleto y parcial de lo que ha sido el Comic Nostrum 2016. 
El pistoletazo de salida fue la exposición de Steve Ditko en el Solleric y que durará hasta principios de enero.
Muchos originales y algunas reproducciones fotográficas tan bien hechas, como las del origen de Spider-Man facilitadas por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, que no te enteras de ello si no lees la cartela....
Las piezas incluían mucho Spider-Man, bastante Doctor Strange, varias historias completas de monstruos de la Marvel , varias historias completas de la Warren, páginas de Rom entintadas por P.Craig Russell o John Byrne, páginas de los 4 Fantásticos de Kirby entintadas por él...











Reproducciones fotográficas.

La mítica secuencia del levantamiento (1ª parte)

La mítica secuencia del levantamiento (2ª parte)





Portada a medias con el Rocketeer de Dave Stevens

Colaborando con Wally Wood en los T.H.U.N.D.E.R. Agents


Hasta un "photocall" de personajes de Ditko había para que el personal se hiciera fotos. Aquí, Tomeu Seguí y Flavia Gargiulo demostrando su buen humor.

 La semana pasada ya teníamos el Comic Nostrum encima y se hizo mucha labor de promoción. Desde un programa diario en Ona Mallorca de una hora de duración, hasta entrevistas en varios medios o un suplemento en el Ara Balears del domingo previo al CN y que servía de catálogo del evento.
El tema de este año era el mar y el personaje que mejor lo representaba Corto Maltés.


Flavia y un servidor en la cadena SER promocionando el Comic Nostrum.

Dibujo de Pere Joan para la exposición de homenaje de Corto Maltés tal y como apareció en el Ara Balears. Lo vendió, al parecer.

La historia de Corto de Manel Fontdevila

Y la de Tomeu Seguí

El día 25 se inagura una expo de los jóvenes autores de Mallorca. Aquí un artículo sobre el tema en el Ara.
Otra exposición era la de Gonzalo Aeneas, autor del cartel de este año y una bestia parda de la que me temo que se oirá hablar a menudo muy pronto.



El original del cartel del Comic Nostrum de este año 



Buena parte de la expo estaba dedicada al trabajo de fin de estudios: un tarot. El tribunal le dio la máxima calificación.


Y llegamos al miércoles 19 donde se presentó el libro de la costa de Mallorca editado por el Clúster y que era el pistoletazo de los días fuertes. Yo fui haciendo de todo, de chófer de los editores de Rackham-Latino IMparato- o Casterman-Vincent Petit- o de David B., algo de traducción, controlar sesiones de firmas o moderar mesas redondas...

Llenazo en la masterclass de Rubén Pellejero

David B. en su masterclass dedicada a "La ascensión del gran mal". El final fue de lo más impactante que he visto en una charla.



En Ses Voltes, entre la Catedral y el mar, estaban varias exposiciones y las charlas. Aquí vemos a Seguí, Pellejero y su mujer disfrutando del lugar.

Dibujo realizado por Tatúm para la exposición de Kaz.

Otro llenazo con Pierre Alary

Alary en acción


Alary dibujando en directo


Juan Díaz Canales y Teresa Valero hablando del guión
Toda la semana tuvimos una predicción de lluvia tremenda para el viernes por la mañana. Toda la seman estuvo lloviendo más o menos.
Y el viernes un día estupendo. El capitán decía que a Dios le gustan los cómics.
Nos embarcamos en el Rafael Verdera, el velero en activo más antiguo de España. La idea era dar una vuelta y que los dibujantes hicieran una viñeta de una cómic para luego publicarlo como fanzine y venderlo en la fiesta solidaria del día siguiente.

Sebastià Cabot

Rafael Vaquer mirando a David B. y familia

Canizales, Sonia Delgado y Pere Joan

Rubén Pellejero

Juan Díaz Canales


Saeta Hernando y Feliu Renom

Teresa Valero

Francesc Grimalt

Tomeu Pinya

pepmi Garau, Margalida Vinyes, Linhart y Tomeu Seguí




Los hijos del capitán y miembros dela tripulación nos hicieron un número circense en cuanto tiramos el ancla y los que quisieron se hubieron dado un chapuzón. De lo más resultón.








Por la tarde moderé una charla sobre Corto Maltés y la recuperación de personajes con Díaz Canales, Pellejero y Gravett. Estoy contento de cómo fue, aunque me esperaba que se llenara más.

Guillem March, Pere Joan y Ata en la fiesta del viernes. Buen rollo.
El sábado por la mañana es el momento de los Urban Sketchers. Los invitados aprovecharon para ir un poco de excursión.
Por la tarde había la fiesta solidaria. Se esperaba un tormentón del quince. Y nos encontramos con una tarde estupenda.
A ver si lo que dijo el capitán del Rafael Verdera va a ser verdad...
Yo estaba encargado de controlar las firmas. No será que no sepa de qué va el tema...


Un Bob Esponja de Kaz, guionista de la serie

Monkey Doo, un grupo de swing tocó sus temas en la expo de Corto Maltés.

Era chulo eso de ver bailar a la gente en una expo de cómic.


Marga Vinyes hacía tatuajes temporales de motivos marineros y no paró


Marga, mi hija Maria y su tatuaje de una medusa

Durante la fiesta solidaria hubo más cosas, aunque no tenga fotos: concierto dibujado con diez autores con música de Le Carromato, food trucks, lectura dramatizada y musicada de una historia de Corto Maltés... El dinero recaudado iba a ayudar a refugiados acogidos por la Cruz Roja de Mallorca.


La cena de después de la fiesta solidaria
El domingo volvió a lucir un sol tremendo y se montó la "Fireta", donde editoriales locales, librerías, autores o particulares venden sus cómics u obras. Más firmas, más buen ambiente.
El año que viene más y mejor, si es posible.