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lunes, enero 09, 2006

Buz Sawyer: espectáculo bélico

El responsable de Comics Revue, Rick Norwood, de vez en cuando se lía la manta a la cabeza y edita algún tomo monográfico. Recientemente ha editado un tomo con las primeras tiras diarias de Buz Sawyer por Roy Crane. Son las dailies editadas en los años 1943 y 1944. Había leído algo de Sawyer y siempre me había gustado. Lo que no sabía era lo espectacularmente buenas que son las primeras tiras.
El tomo, titulado Buz Sawyer: War in the Pacific recoge a buen tamaño, a razón de dos tiras diarias por página un buen puñado de ellas. Incluso he leído que es la primera vez que se recogen en su integridad ya que anteriores intentos se comían la parte inferior. La única pega es que se parte de material publicado en los periódicos por lo que la reproducción sufre entre algo y bastante según cada caso.
Las páginas dominicales iban con una continuidad diferente de las tiras diarias y se centraban en Rosco Sweenie, el cómico amigo del protagonista, por lo que sólo hay dos ejemplos en la portada y en la contraportada del tomo. Oh, bueno.
Hay cómics de prensa que son muy conocidos y que se van reeditando con mayor o menor fortuna con los años. Hay otros en cambio que pasan más desapercibidos y suelen ser olvidados cuando a veces poseen tantas cualidades como los más vistos... Está claro que Buz Sawyer es uno de estos casos.
Buz Sawyer, como Johnny Hazard, otra gran tira, es inicialmente un aviador miembro del ejército ya que se crea en plena Segunda Guerra Mundial (de hecho, se hacen comentarios a la actualidad del momento y a las victorias que va consiguiendo MacArthur). Sawyer está destinado en el Pacífico donde pilota el Lucky 13, un avión donde el artillero es el algo mayor Rosco Sweeney. Sawyer es encantador, las mujeres caen rendidas a sus pies, tiene a una chica que suspira por él en su pueblo natal, aunque a él no le afecta ya que no le hace ascos a las mujeres que va encontrando en sus aventuras, le gusta la música, pero sobre todo es un aventurero nato que acaba siempre metido en unos fregados importantes.
Y es que estas primeras tiras desprenden aventura por los cuatro costados. Hay grandes momentos humorísticos pero también algunos considerablemente más serios. Escenas como la tortura del espía americano serían impublicables hoy en día. Crane tiene claro que escribe para adultos y se nota en el tono, en las ironías, en la acción, en los planteamientos morales que asoman de vez en cuando como cuando los dos protagonistas, tras ser derribados en el mar se encuentran con un piloto japonés herido en el agua y no saben si matarlo, dejarlo o intentar salvarlo.
Crane había realizado durante años Wash Tubbs/Captain Easy donde mezclaba aventuras exóticas junto a humor. Sawyer debe bastante a Easy pero es algo diferente, más madura, más realista. Se nota que Crane, cansado de trabajar para la NEA, había estado madurando este nuevo personaje para dar el salto al KFS (donde mejoraba sus condiciones económicas, por cierto).
Desde un punto de vista técnico, llama la atención el uso de Crane del sombreado mediante tramas (usando un papel especial que con unos productos químicos se hace más o menos oscuro), logrando crear un clima realmente único y que ayuda a distanciarlo de autores similares en el uso del blanco y negro (Sickles, Caniff, Robbins, entre los más evidentes) por un acabado muy característico. También es curioso ver algunos trucos con los bocadillos, desde rotulaciones orientalizadas para los textos de los japoneses en que hablan en su idioma a un bocadillo parcialmente tapado por el agua en una escena que muestra cómo se estrella una avión en el mar, y que ayuda a crear la sensación del estrépito del choque.
Es un cómic nacido en un momento histórico muy concreto y se nota (esos momentos en que se cuenta la importancia de todos los que participan, desde los pilotos de aviones de transporte a los mecánicos y que me recuerdan la famosa página dominical de Terry de Caniff) pero su calidad, su frescura, se mantiene más de 60 años después. La maestría de Roy Crane y su dominio del medio, cuando uno lee este tomo, son indiscutibles. De lo que más he disfrutado en no sé cuánto tiempo. Ojalá siga Norwood con más tomos...